Tu presupuesto no se rompe por falta de disciplina: se rompe porque el gasto no es plano dentro del periodo de pago. En una muestra representativa de hogares del Reino Unido, el gasto de la última semana del periodo fue 18 % menor que el de la primera, y volvió a su nivel inicial el día de pago siguiente. La segunda quincena no es cuando fallas. Es cuando se nota lo que ya pasó en la primera.
El gasto cae casi 1 % por cada día que pasa desde que te pagaron
David Huffman y Matias Barenstein midieron esto con la encuesta de gasto del Reino Unido, en una muestra grande y representativa de hogares de la población trabajadora. El resultado es una pendiente: el gasto de la semana del diario baja 0.8 % por cada día que se aleja del día de pago. En un periodo de 30 días eso suma un 18 % entre la primera semana y la última.
La parte que cambia cómo se lee el propio presupuesto es la otra mitad del hallazgo. Al llegar el siguiente pago, el gasto no se recupera poco a poco: salta de vuelta a su nivel inicial. No es una recuperación, es un reinicio.
Gasto diario dentro del periodo de pago
La línea gris punteada es el promedio: la cifra con la que casi todo el mundo arma su presupuesto. Nunca coincide con lo que gastas ningún día en particular.
El estudio se tomó el trabajo de descartar las explicaciones aburridas. La caída no se explica por hacer despensa grande el día de pago ni por los pagos que caen en fechas fijas, como la renta o los recibos. Y aparece incluso en hogares con tarjeta de crédito, que podrían suavizar el mes si quisieran y no lo hacen.
¿Por qué se gasta más justo después de que te pagan?
Gastar más los días posteriores al pago no depende de que el dinero sea una sorpresa. Melvin Stephens estudió a personas que reciben un cheque del seguro social —una cantidad idéntica, en una fecha conocida, mes tras mes— y encontró que el consumo de las cosas que no se pueden guardar sube justo cuando llega el cheque: comida perecedera, comer fuera. Nadie estaba sorprendido y aun así la curva existe.
El caso más duro lo documentó Jesse Shapiro con los cupones de alimentos en Estados Unidos: las calorías que consume la gente caen entre 10 y 15 % a lo largo del mes del beneficio. No hablamos de darse gustos. Hablamos de comer menos la cuarta semana que la primera, con el mismo ingreso mensual y la misma información sobre cuándo llega el siguiente depósito.
Saber cuánto entra y cuándo entra no aplana la curva. Es la primera cosa que conviene aceptar antes de armar cualquier presupuesto.
Los primeros siete días son los que deciden el resto
La ventana donde se concentra el exceso es más larga de lo que sugiere la idea del derroche del día de pago. Huffman y Barenstein partieron el periodo en tramos y midieron cada uno contra el tramo de los días 15 a 22, el más tranquilo:
El exceso no es una noche: dura semana y media, en gastos que ninguno se siente excesivo por separado.
Doce por ciento repartido en siete días no se siente como nada. Es un par de comidas fuera, el súper hecho sin mirar precios, el pedido que ese día sí se hizo. Ninguno es memorable, y por eso el día 22 la explicación que queda a mano es «este mes gasté mucho», que no es una explicación.
Lo esencial: la segunda quincena no es un problema de voluntad que aparece el día 20. Es la consecuencia aritmética de una primera semana que gastó 12 % de más mientras nadie la estaba mirando.
En México la curva corre dos veces al mes
México tiene un calendario de pago propio, y está escrito en la ley. El artículo 88 de la Ley Federal del Trabajo fija que los plazos para pagar el salario nunca pueden ser mayores de una semana para quien desempeña un trabajo material, y de quince días para el resto. De ahí sale la quincena como unidad real de la vida financiera de casi todo el país: el 15 y el 30.
Aquí conviene ser preciso con lo que la evidencia sí dice. Los tres estudios de arriba midieron ciclos mensuales, en el Reino Unido y en Estados Unidos. Ninguno midió quincenas mexicanas, y no conocemos un trabajo publicado que lo haya hecho. Lo que se puede afirmar es que el mecanismo no depende de la duración del periodo, sino de la distancia al día de pago. Lo que no se puede afirmar es que la caída aquí sea también del 18 %: podría ser menor, porque un periodo de quince días deja menos espacio para alejarse del depósito.
Lo que sí cambia con seguridad es la frecuencia. Con quincenas, el tramo bajo del periodo no llega una vez al mes: llega dos. Y el reinicio también.
Qué hacer con la curva
El consejo obvio sería apretarse la primera semana, y es justo el que no funciona: pide de ti exactamente la vigilancia que la curva demuestra que no tienes en ese momento. Hay algo más útil y más barato, que es dejar de mirar el gasto por mes de calendario.
El mes de calendario corta el ciclo en el peor lugar posible. Un mes normal contiene el final flojo de una quincena y el arranque caro de la siguiente, mezclados en una sola cifra que promedia las dos cosas y no deja ver ninguna. Si en cambio miras el gasto por su posición dentro de la quincena —días 1 a 5, 6 a 10, 11 a 15— el patrón aparece solo, y aparece igual mes tras mes.
Eso convierte la pregunta en algo contestable. Deja de ser «¿por qué no me alcanza?», que no tiene respuesta, y pasa a ser «¿cuánto gasto los primeros tres días después de que me pagan?», que sí la tiene y que además es un número que puedes cambiar. Requiere, eso sí, tener registrado el gasto con su fecha, que es la parte que se cae a los pocos días por razones que no tienen que ver con las ganas.
El día 25 no es cuando te descontrolas. Es cuando te enteras.
Preguntas
- ¿Por qué se me acaba el dinero antes de la siguiente quincena?
- Porque el gasto no se reparte parejo dentro del periodo de pago. En la encuesta de gasto del Reino Unido, el gasto cae 0.8 % por cada día de distancia respecto al día de pago, hasta un 18 % entre la primera semana y la última de un periodo de 30 días. El dinero no se acaba al final: se adelanta al principio.
- ¿Es normal gastar más los días después de que te pagan?
- Sí, y ocurre incluso cuando el ingreso es perfectamente predecible. Melvin Stephens encontró que el consumo de comida perecedera y de comer fuera sube al llegar el cheque del seguro social, una cantidad fija en una fecha conocida. Saber cuándo y cuánto entra no aplana la curva.
- ¿Conviene revisar el gasto por mes o por quincena?
- Por quincena, si te pagan por quincena. Un mes de calendario mezcla el final flojo de un periodo de pago con el arranque caro del siguiente y promedia los dos, así que el patrón desaparece. Mirar el gasto por su posición dentro de la quincena hace visible el tramo caro, que son los primeros siete días.
- ¿La caída del 18 % aplica igual a las quincenas mexicanas?
- No se sabe. Los estudios disponibles midieron ciclos mensuales en el Reino Unido y en Estados Unidos; no hay un trabajo equivalente sobre quincenas mexicanas. El mecanismo depende de la distancia al día de pago, así que la forma debería repetirse, pero es razonable esperar una caída menor en un periodo de quince días, y ocurriendo dos veces al mes en vez de una.
Las fuentes
La caída del 18 % y los tramos por día vienen de David Huffman y Matias Barenstein, «A Monthly Struggle for Self-Control? Hyperbolic Discounting, Mental Accounting, and the Fall in Consumption Between Paydays», IZA Discussion Paper 1430, versión de diciembre de 2005, con datos de la Expenditure and Food Survey del Reino Unido. El aumento del consumo al recibir un pago previsible está en Melvin Stephens Jr., «"3rd of tha Month": Do Social Security Recipients Smooth Consumption Between Checks?», American Economic Review 93(1), 2003, pp. 406–422. La caída de 10 a 15 % en calorías a lo largo del mes del beneficio es de Jesse M. Shapiro, «Is There a Daily Discount Rate? Evidence from the Food Stamp Nutrition Cycle», Journal of Public Economics 89(2–3), 2005, pp. 303–325. Los plazos de pago del salario en México están en el artículo 88 de la Ley Federal del Trabajo.